Este es el cuento que hice para un trabajo en la universidad y que esta provocando furor en el mundo, incluso esta haciendo trizas la demanda por ir a ver "Transformers: The revenge of the fallen".
Debido a la gran necedad por parte de su autor, principalmente debido a su fulminante autocritica (eso no ha cambiado mucho), no se habia publicado... Hasta ahora.
Para aquellos que no lo habian leido, aqui esta:
La noche puede crear distintas sensaciones; generalmente agradables y emotivas. Los distintos efectos que producen las luces de la ciudad a veces se mezclan con la lluvia, con los mensajes publicitarios de las marcas de moda, con la bruma que produce el invierno de Junio y produce imágenes y sentimientos hermosos. Este profundo pensamiento está siempre presente en la mente adolescente de Alejandro.
Como buen guitarrista de una banda de garaje, sus ambiciones todavía no llegan al nivel más alto y disfruta de las cosas simples de la vida, como caminar por la noche después de un ensayo (lo que más disfrutaba), sentarse en la banca de una plaza para armar una melodía que llega a su cabeza como un destello o salir a caminar con sus audífonos puestos solo para admirar la relación entre el quehacer diario y la música. Su ropa demuestra su sencillez, nunca trata de estar a la moda. Su cabello negro siempre despeinado pero nunca como para crear más de una cara rara, su tez morena y sus ojos penetrantes y que intentan siempre generar más de una emoción al igual que su apariencia en general; tierna, adorable, sencilla…
Un sol radiante acompañaba ese día jueves, cuando se dirigía a la casa del baterista de la banda, como cualquier otro jueves en la tarde. Siempre toma el camino al lado de la playa, sobretodo en días soleados, cuando los rayos del sol acompañan al azul cristalino del mar. Al caminar, su mirada se fijó rápidamente, como si una canción acústica llena de tristeza hubiera dado inicio, en una muchacha llorando, sentada en la vereda. Su cabello café relucía a la luz del sol junto con sus ojos verdes que combinaban con el fondo marino. Su tez trigueña junto con sus labios parecía influenciar a cometer más de un pecado. Su polera verde, su chaqueta de mezclilla, sus jeans y sus zapatillas transmitían ese aire de sencillez que Alejandro siempre buscaba o que lograba sin darse cuenta. Pero si hay algo que llamó la atención de Alejandro, fue que el color de sus lágrimas era ese azul cristalino del mar, ese azul especial lleno de amor, cariño y pasión. Aunque sabía que estaría pensando en ese momento por muchos días más, Alejandro decidió seguir con su camino.
Después de otro ensayo, como siempre finalizado cerca de las 11 de la noche, Alejandro decidió caminar por la misma calle donde había visto a la muchacha, no para verla, era demasiado tarde; solo para sentir la esencia e imaginarse que la había visto otra vez. Para su fortuna, ella seguía ahí solo que no sentada ni llorando, merodeaba, tal como un león enjaulado, de vez en cuando abriendo ligeramente los brazos, mirando hacia el cielo. Alejandro quedó parado, pensando en cual podría ser la razón de este comportamiento, que a la vez le provocaba un cálido sentimiento, un misterio que no se podía desenmarañar fácilmente.
Caminó hacia donde estaba, tuvo alguna que otra dificultad para hilar la pregunta: “¿Te sucede algo?”. Ella respondió: “La noche es la única que puede curar mis heridas, con la que me puedo redimir y seguir adelante. La que tiene suficiente belleza como para hacer que nada me importe”. Alejandro pensó no solamente en que sus impresiones sobre la noche eran similares, sino que también se le vino a la mente los versos principales de la canción que él había compuesto y le había dedicado a la luna y la noche: “Arrebatar el sueño esa es la osadía / será un camino agreste, tan hostil… Así es la vida / Pero está la luna…”. Después de esta respuesta, Alejandro tardó en reaccionar: “Que curioso… La verdad… Bueno… Es algo muy lindo lo que me dijiste, en serio. Bueno… Yo…”. La muchacha supo inmediatamente que había algo más detrás de las palabras de este chico tímido. En ese momento, vio sus ojos; negros pero penetrantes y hermosos, como si pequeños destellos dorados invadieran el iris súbitamente. También vio su guitarra e hizo la conexión inmediatamente. La muchacha vio por un segundo al cielo y le dijo: “No tengo mucho tiempo, pero me gustaría que me hicieras algo de compañía”. Alejandro, quedó totalmente boquiabierto hacia sus adentros ante esta proposición, pero luego recordó las incontables veces donde sus amigas le han aconsejado: “¡Sólo sigue el juego! Arruinarás el momento, romperás el misterio”. Sabía que esta muchacha no era como las demás, o al menos se lo imaginaba, pero aún así, aceptó. Empezaron a caminar hacia el centro de la ciudad; este jueves habría mucha actividad, mañana es feriado. Después de un largo caminar lleno de convencionalismos, respeto y averiguar cómo era la vida uno del otro Alejandro empezó a conocer más a este hermoso enigma femenino. Su nombre era Cristina, vivía no muy lejos del centro de la ciudad, estudia literatura en la Universidad, le gusta el rock psicodélico lleno de “guitarras soñadoras”, había terminado con su novio hace muy poco y aún no podía superar ese vacío que parece eterno.
Llegaron hasta el teatro principal de la ciudad, donde luces de hermosos colores salían e invadían las sombras de todo lo que había alrededor, como una hermosa e iluminada fuente de agua hecha de mármol en una plaza cercana. Cristina y Alejandro decidieron instalarse allí, no con la intención de seguir hablando sobre sus vidas sino con la intención de sentir. “Veo que tocas la guitarra”, comentó Cristina. “¿Podría escuchar algo tuyo, si no te molesta claro”.
Ante tal petición, Alejandro no podía pensar en nada más que su melodía “Luna”, de modo que respondió: “Esta bien. Compuse una melodía para la noche y la luna. No sé porque, pero pienso que esta melodía fue hecha para ti”. Una sonrisa se instaló inmediatamente en el rostro de Cristina, sus ojos brillaron y su expectación era más grande que nunca. Los primeros acordes empezaron a sonar y los versos, estrofas y estribillos empezaron a salir de manera armoniosa. Si… “Pero está la luna… / El riesgo es siempre caer/ Se pone feo sin red”.
Al finalizar, se podía ver lo pasmada que había quedado Cristina desde kilómetros. Para ella, fue cómo aprender a volar, llegar al cielo y rozar las estrellas; las más lindas y brillantes de todo el universo. “No quiero ser grosera, insistente, ni una carga, Alejandro”, dijo de forma lenta, como si fuesen sus primeras palabras. “¿Podrías tocarla de nuevo? Pero esta vez, quiero que lo hagas como si la cantaras para mí, como si me la hubieras dedicado a mí”. Alejandro, sonrió levemente. Llegó a imaginarse una vida con ella. Imaginar que todas las cosas que había hecho en su vida, fueran para armar este momento. Los acordes sonaron otra vez, solo que ahora al final del verso de su más preciada canción, Cristina se acercó y juntó sus labios dulces con los de él. Un momento que desde que se conocieron, ambos esperaban. Un beso con distintos matices, con mariposas y calidez por doquier. Los lleva la fe, quieren al destino entender; una excusa para volver a tener risa y volver a nacer.
Basado en la cancion "Luna" de Cielo Razzo y por esta razon es mi gran autocritica. Modifique la cancion para que pudiera estar acorde al cuento (la cancion no habla del amor, ni de la espontaneidad en la calle y ni del destino entre dos amantes que no se conocen). De esta manera, SOLO quise cumplir con hacer el trabajo de la universidad, algo que va en contra de mis principios creativos.
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Me atrapo desde el principio debo decir q una parte de mi se desperto con las imagenes (muy nítidas). Me encanto la descripción de los personajes y sobre todo el dialogo simple pero con muy buenas matices. :-)
ResponderEliminarbye